El cementerio de San Pedro está en el corazón de la ciudad. Es el lugar donde los visitantes no pueden hablar de sus sentimientos, sin embargo, las miradas se convierten en el mejor espejo del alma. En medio de los ángeles, los tulipanes, las margaritas, las rosas, la música, las lágrimas y el silencio han transcurrido 159 años desde que un grupo de 50 caballeros antioqueños, por invitación del doctor Pedro Uribe Restrepo, decidieron crear un sitio en el que se pudiera honrar la memoria de los seres queridos. Una ciudad blanca.

La idea surgió porque el único cementerio en la ciudad, el San Lorenzo, estaba estrecho y feo y los líderes antioqueños buscaban un espacio privado en el que pudieran perpetuar su memoria. Se decidió entonces que este nuevo espacio estuviera dedicado a San Vicente de Paul, “en conmemoración de las muchas y excelsas virtudes que adornaron a aquel varón ilustre”, como reza en el acta de su fundación.

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