Desde
que un niño viene al mundo, e incluso antes, la mayoría
de los padres se preguntan constantemente si su conducta y las decisiones
que toman día a día son las más adecuadas para
él. Esta sensación de incertidumbre se agrava enormemente
cuando “su pequeño” llega a la etapa de la juventud,
en la cual los padres se sienten distanciados de sus hijos debido
a las diferencias generacionales y a que la mayoría de los
padres no comparten las mismas características que vivieron
en su juventud, con las de sus hijos.
Guste o no,
los adolescentes tienen su propias reglas, su mundo personal y su
particular escala de valores, que en algunos casos incluye ciertas
actitudes violentas o el consumo de alcohol y drogas.
Juventud significa
cambio, una transformación que da lugar a un individuo muy
diferente al niño que dejan atrás. Y los problemas
de personalidad que eso genera provocan el desconcierto y muchas
preguntas en los padres. Suele ser conocida como “la edad
difícil”: las hormonas se vuelven protagonistas en
una revolución biológica que hace del joven una fuente
de emociones confusas. Llega el momento de afrontar una nueva personalidad
en la que ni ellos mismos se reconocen. Luchan por adaptarse y buscan
la identificación con el grupo de amigos. La familia ya no
es su lugar natural ni muchos de los gustos y las ideas que le habían
inculcado en ella.
Leer
más sobre este tema - Escribir
comentario al programa
|