Las
empleadas domésticas, según los censos, fue el grupo femenino
más numeroso de Medellín. Estas mujeres han tenido una
gran injerencia en el espacio familiar, en el desenvolvimiento de la
vida de las mujeres de sectores altos y medios, en la crianza de los
niños y en la sexualidad de los hombres, no sólo en la
cultura local sino en todas las culturas
Sobre
ellas ha recaído la responsabilidad fundamental de criar, educar
y atender a los niños de las clases altas y medias, para que
sus madres pudieran disfrutar de otro tipo de actividades y distracciones.
Han garantizado la alimentación y la higiene del hogar. El hombre,
acostumbrado desde su más tierna edad al regazo del delantal,
para su iniciación sexual busca a este objeto de sus fantasías
infantiles. Posteriormente, como adulto, sobre esta misma mujer vuelca
muchos de sus deseos y fantasías. La empleada doméstica
fue un "mediador cultural"; venida del medio rural "perdido"
en la ciudad, se incorpora a la sociedad urbana, reelaborando elementos
urbanos y modernos a través de sus categorías campesinas.
Pero qué poco se sabe de la vida real de estas mujeres, que tanta
influencia han tenido en la vida familiar y cotidiana de la sociedad.
CONTEXTO
HISTÓRICO
Las
crónicas locales y los archivos familiares nos hablan de un número
elevado de empledas en las casas de la elite y en algunas de sectores
sociales medios. No era raro contar con una carguera, una cocinera,
dos "dentroderas" y un paje. Además, existían
las lavanderas y aplanchadoras que realizaban sus tareas por fuera de
la casa de la familia. Estaban también las lavadoras de pisos,
que prestaban sus servicios con regularidad. Si bien no se puede generalizar,
había familias en las que las relaciones con las empleadas domésticas
eran buenas y estaban estructuradas dentro de un modelo paternalista.
En los archivos de correspondencia de la elite se notaba, por parte
de la señora de la casa, preocupación por el bienestar
y salud de éstas, reforzándose así las relaciones
de dependencia y afecto que contribuían a las actitudes sumisas
de las trabajadoras domésticas. La servidumbre se concebía
como un bien familiar. La empleada pasaba de madres a hijas, y las hermanas
se la prestaban entre sí, de acuerdo con las habilidades de la
trabajadora y las necesidades de las familias.
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