La
palabra fantasía viene del griego "phantasia", que
significa: facultad mental para imaginarse cosas inexistentes y proceso
mediante el cual se reproducen con imágenes los objetos del entorno.
La fantasía, que debe ser defendida a toda costa, constituye
el grado superior de la imaginación capaz de dar forma sensible
a las ideas y de alterar la realidad, de hacer que los animales hablen,
las alfombras vuelven y las cosas aparezcan y desaparezcan como por
arte de magia.
La fantasía
recoge su material de la realidad interna y externa, con el cual se
concibe una realidad distinta, revirtiéndola o reformándola.
Con el golpe de la imaginación se pueden asociar las imágenes
de la realidad y agruparla en una totalidad con significado diferente.
Con la fantasía se puede deformar la personalidad a partir de
un pequeño defecto, quitarle la propiedad de maldad a lo diabólico
o hacer de la virtud de lo bueno mucho más bueno.
La fantasía
cumple una función imprescindible en nuestras vidas, no sólo
porque sirve como válvula de escape a la realidad existencial,
sino también porque es la fuerza impulsora que permite rectificar
la realidad insatisfactoria y realizar los deseos inconclusos por medio
de los ensueños.
La fantasía,
al igual que el pensamiento, es uno de los procesos cognoscitivos superiores
que nos diferencia de la actividad instintiva de los animales irracionales.
No es casual que en el plano laboral sea imposible empezar un trabajo
sin antes imaginar su resultado. Sin fantasía no es posible ningún
conocimiento humano. La imaginación, concebida como una facultad
capaz de reproducir mentalmente las causas y soluciones de los problemas
reales, es la mejor ayuda para un psicólogo, tanto cuando tiene
que hacerse una idea de la situación del paciente como cuando
tiene que encontrar la orientación terapéutica correcta.
La psicología moderna ha constatado que el poder de la fantasía
sobre la psique es más determinante que el principio del deseo,
pues se dice que en el conflicto entre deseo y fantasía es siempre
la fantasía la que se sobrepone al principio del deseo.
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