Pregunte
a cualquier padre cuál es el factor más importante de
la educación de sus hijos y comprobará que en muchas ocasiones
la respuesta será “buenos profesores”. Mientras las
nuevas tecnologías y asignaturas se están situando con
rapidez en primer plano del proceso educativo, los alumnos sólo
podrán hacer uso adecuado de ellas si cuentan con la orientación
de buenos maestros.
Hoy, pedimos a los
padres y a todos los ciudadanos que se detengan un momento a pensar
en el cambio que supuso en su vida haber dado con un buen maestro, un
profesor inolvidable. ¿Dónde estarían si no se
hubiese cruzado en su camino, si, desmotivado, hubiese abandonado ya
la docencia?
Esto es lo que está
ocurriendo actualmente con mucha frecuencia y en comunidades ricas y
pobres por igual: desbandadas en masa de maestros y profesores inducidas
por los recortes presupuestarios en el servicio público, las
condiciones de trabajo caóticas, la jubilación inminente
del personal que se va haciendo mayor, el estrés y el agotamiento.
El resultado es una crisis de escasez de maestros y profesores: según
las estimaciones, para el 2015 podrán necesitarse en todo el
mundo 35 millones de nuevos maestros de primaria, casi tantos como se
encuentran actualmente en ejercicio en este nivel de enseñanza.
Sin ellos, no se alcanzarán los objetivos del Milenio con los
que los países del mundo están comprometidos, especialmente,
el logro de una educación primaria universal y la erradicación
de la extrema pobreza, meta última para la cual la educación
es tan importante.
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