La
verdad de las mentiras
Todos mentimos
en algún momento: por conveniencia, vergüenza, interés,
respeto o necesidad. Por piedad, desesperación defensa o simplemente
por gusto. Las mentiras crecen con nosotros y evolucionan junto con
nuestra personalidad. Para algunos, los engaños ayudan al desarrollo
humano y la convivencia, y ciertas mentiras juegan un papel positivo
en el desarrollo emocional infantil. Para otros, pueden trastornar la
vida del mentiroso o la de su entorno, sobre todo cuando se inventan
fantasías sobre el pasado.
El
umbral de lo enfermizo
Los
psiquiatras consideran el mentir algo patológico, si es persistente
puede trastornar la vida del mentiroso o la de sus engañados.
La víctima de un engaño no solo sufre contratiempos de
orden práctico, sino también el temor de desconocer las
intenciones ocultas detrás de la mentira.
Para el psiquiatra
estadounidense Arnold Goldberg, "mentir, al igual que decir la
verdad, es una parte más de nuestro crecimiento y desarrollo".
En efecto, algunos investigadores consideran que ciertas mentiras juegan
un papel positivo en el desarrollo emocional de los niños y que
la primera mentira con éxito de un niño puede constituir
un aspecto fundamental en su crecimiento mental, al marcar la experiencia
inicial de que sus padres no lo saben todo.
En los niños
menores de cuatro años, el mundo mágico de los sueños,
deseos y fantasías, no siempre se diferencia de la realidad que
les impone limitaciones. La confusión entre los hechos que se
observan y los deseos que se satisfacen en la imaginación, puede
inducir al pequeño a decir mentiras aparatosas, para evitar tomar
contacto con la realidad. Todos los pequeños mienten, unos más
que otros. La diferencia radica en su bienestar emocional. "Los
niños que son mentirosos crónicos no se sienten a gusto
consigo mismos", afirma la doctora Carolyn Saarni, de EE.UU.
Un
niño con problemas de autoestima probablemente mentirá.
El que tiene miedo al castigo lo hará solo ante los que teme.
Otros motivos frecuentes de las mentiras infantiles son las expectativas
paternas poco realistas sobre las posibilidades de sus hijos.
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